Research #10

architecture

Lucía Escrigas
A Coruña, April 2018

 







Cuidando el urbanismo: enfoques desde el feminismo.


Si pensamos en el modo en que se diseñan las ciudades y pueblos contemporáneos, se hace evidente que se proyectan desde los parámetros del sistema capitalista y patriarcal que rige el mundo en el que vivimos. Quienes han estado y están a cargo del diseño de nuestros espacios urbanos, son figuras que funcionan como representantes de este sistema y que no está teniendo en cuenta las necesidades para una sostenibilidad general de la vida en estos espacios. Nuestras ciudades no están hechas para todo el mundo y los espacios que habitamos no están diseñados poniendo en el centro la vida de las personas ni atendiendo a la diversidad de experiencias de quienes los habitan.

Por el contrario, se diseñan adaptados a un sistema excluyente y no sostenible. Se promueve un modelo de ciudad que la sitúa como si de un producto a vender se tratase. Encontramos que, como alternativa al propio circuito productivo, en el contexto capitalista, la propia producción de ciudad es también un negocio. Se basa en la inversión en el espacio construido y en las transacciones financieras; la especulación suplanta a la producción y la propia ciudad se mercantiliza y convierte en un objeto de consumo, la ciudad puede ser consumida en sí misma. Sea mediante la especulación o el turismo, se puede extraer de la ciudad una plusvalía. La planificación urbana, no se elabora de manera sostenible ni busca hacer más habitable la ciudad para la población sino que simplemente busca obtener el máximo rendimiento de la misma.

Sabemos que, históricamente, se han asignado roles diferentes a mujeres y hombres y que estos han estado, a su vez,  asociados a determinados espacios físicos. Es decir, mientras que las actividades asociadas a los cuidados y a las relaciones familiares se han recluido al espacio doméstico y se han relacionado con lo femenino, la actividad económica y política se ha situado en el espacio público asociada a la figura hegemónica del hombre.

Las actividades relacionadas con los cuidados siempre han sido menos valoradas socialmente que aquellas relacionadas con la vida pública, pero en la ciudad capitalista y en el marco de este sistema, estas consideraciones se magnifican y la esfera productiva llega a eclipsar completamente a la reproductiva, hecho que se plasma claramente en la planificación urbana.

Desde el urbanismo feminista se reivindica la prevalencia de las tareas de la reproducción (como ir a recoger las niñas y los niños al colegio, cuidado personas dependientes, hacer la compra, recados, tareas cotidianas) en el ámbito público y no como responsabilidad exclusivamente femenina sino social, incentivando también la acción de una esfera comunitaria activa que se haga partícipe de estas tareas apartando el foco del individualismo centrado en la producción. Se trata de hacer más accesibles tanto en un sentido físico como simbólico las tareas de cuidados y reproducción social tradicionalmente desempeñadas por las mujeres.  

El urbanismo feminista surge como herramienta para poner en cuestión estas dicotomías socioculturales y trabaja para generar experiencias de la ciudad adaptadas, desde una perspectiva interseccional, a las necesidades de todas las personas que las habitamos. El diseño urbano con perspectiva de género, apuesta por operar cambios en los espacios en los que vivimos para así poner en primera plana nuestras vidas cotidianas y a las diferentes esferas que las conforman.

Cabe destacar, que el urbanismo feminista, se apoya en las tesis del ecofeminismo, es decir,  trabaja poniendo en diálogo esta idea de la crisis de cuidados (que perpetúa desigualdades de género) con la idea de crisis ambiental (que supone un punto de inflexión en el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno). Al poner en valor la idea de cuidados, estos se hacen también extensibles al cuidado de la naturaleza. Los cuidados se entienden, más allá de un nivel interpersonal. Comienzan también a entenderse a un nivel social y a un nivel ambiental, relacionado con los ecosistemas y entornos naturales.

De cara a profundizar en las claves de esta perspectiva urbanística, vamos a tratar dos modos básicos de intervención en el espacio público desde el urbanismo feminista. En primer lugar nos encontramos con los cambios físicos en las infraestructuras urbanas y, en segundo lugar, con los cambios en el modo de hacer ciudadanía y comunidad.

El primero de estos aspectos que caracterizan los modos de intervención del urbanismo feminista serán las modificaciones más físicas en la infraestructura urbana. Hablamos de aspectos como los equipamientos, el sistema de movilidad o transporte, dimensiones de los espacios públicos o el mobiliario urbano. Todos ellos funcionan como soporte para la vida cotidiana y deben estar pensados de manera que sean lo más accesibles posible (ya sea en cuanto a su ubicación, a las conexiones entre los diferentes elementos o a sus horarios de atención) y constituyendo un espacio urbano funcionalmente diverso. Estos cambios en las infraestructura de la ciudad, los cuales suponen diseños de barrios más híbridos y completos, pueden suponer grandes avances hacia la autonomía de la ciudadanía y favorecer un acceso equitativo a modos más sostenibles de hacer ciudad.

La segunda idea habla de lo relacionado con el tejido social. Hablamos de nuevas formas de hacer ciudadanía y de defender el derecho a ciudades inclusivas que contemplen la diversidad. Este modo de intervención de carácter social encuentra su base en los procesos participativos, es decir, en la horizontalidad a la hora de manejar el conocimiento y los deseos que una comunidad tiene sobre el territorio que habita. La atención hacia los proyectos surgidos desde la ciudadanía, fomentando la participación de segmentos poblacionales tradicionalmente excluidos de los canales de decisión para la planificación urbana (mujeres, personas migrantes, personas ancianas, infancia, personas con diversidad funcional…). La participación ciudadana genera espacios de autonomía y socialización más accesibles para todas y todos. Es en los espacios públicos concebidos como no mercantilizables donde se pueden generar espacios de encuentro y relaciones comunitarias que favorezcan la creación de redes de apoyo.

Estos modos de intervención ayudan a fomentar la sensación de seguridad urbana, puesto que la estructura física genera comodidad en las calles y porque la estructura social ayuda a apropiarse del espacio público y a generar ambiente de comunidad. Dejando así que todas las personas sin importar su género, etnia, clase, condición sexual o diversidad funcional transiten por la ciudad con más libertad y empoderamiento.

Si ha surgido la necesidad de crear Empty Coruña para intentar entender lo que está pasando en nuestras ciudades es porque no han existido políticas de cuidados, es porque las figuras de poder han jerarquizado los espacios y han puesto su foco de atención en las partes que más rentabilidad les podían sacar. No interesa invertir en los vacíos, ni en las ruinas, ni en los cadáveres inmobiliarios, porque eso genera pérdidas y porque supone aceptar errores. Es urgente romper con estas dinámicas, con las figuras de poder e invertir en políticas de cuidados para nuestras ciudades.






 

 


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