Research #7

economics

Rosa María 
Regueiro Ferreira

A Coruña, April 2018

 







El bienestar energético urbano a debate (desde el impacto de la pobreza energética a la contribución de la economía circular y las alternativas de financiación) 


La crisis sistémica también contribuyó a poner de manifiesto, una vez más, la insostenibilidad socioeconómica, energética, ambiental y de desarrollo del sistema energético fósil hegemónico contemporáneo. En este sentido, la identificación del bienestar energético en los núcleos urbanos, (a partir de diferentes variables clave como la garantía de acceso a fuentes de energía más respetuosas con el medioambiente, o el avance de los precios de la electricidad) se ha convertido en una premisa clave para las generaciones futuras. Adicionalmente, la limitación en la generación de residuos o la reutilización de bienes/inmuebles (a través de las prácticas establecidas por la economía circular) parecen ofrecer oportunidades sostenibles, sin desmerecer la posible ventaja de poner en marcha novedosos programas de financiación de mejora de la eficiencia energética en los edificios, públicos y privados.

Principales hipótesis a resolver:

1.- Caracterización del bienestar energético urbano a partir de las lecciones derivadas de la crisis sistémica

2.- Indicadores socioeconómicos de desigualdad/vulnerabilidad/pobreza energéticas en el ámbito urbano y medidas de prevención/paliación

3.- Cuales son los aportes principales de la economía circular a la contribución de la reutilización de inmuebles urbanos, así como de minoración de generación de residuos y promoción de nuevas actividades económicas

4.- Los programas públicos pro eficiencia energética residencial y la participación de capital privado: análisis crítico comparado en el horizonte de los Objetivos del Milenio Sostenible y Europa Cero Carbón

5.- La contribución de las energías renovables al bienestar energético



La lucha contra el cambio climático y la adecuación de los usos y costumbres de la ciudadanía, de las entidades públicas y privadas es la base para garantizar el disfrute del planeta para las generaciones futuras. En este sentido, la información, la concienciación, la formación y el sentido de la responsabilidad son cruciales, de forma que las aportaciones individuales puedan derivar en una mejora global.

Los crecientes costes económicos, sociales, energéticos y medioambientales del consumo de energía insostenible han llevado a instituciones y agentes sociales a buscar nuevas fórmulas de actuación y financiación. Así, a raíz de la reciente crisis sistémica, la falta de bienestar energético, entendido como el bienestar global en el que las condiciones de acceso y disfrute de la energía son las más favorables posibles para la ciudadanía, ha propiciado que los modelos de gobernanza local realizasen ajustes, en cuanto a la atención de las personas afectadas. Esos ajustes tienen dimensión diferente en el ámbito urbano y en el rural, de forma que requieren soluciones ad hoc para actuar sobre los tres niveles de impacto que conforman el bienestar energético: la desigualdad, la vulnerabilidad y la pobreza, energéticas.

La definición de pobreza energética presenta una clara relación con el confort de habitabilidad de una vivienda, sin despreciarse otras actividades vinculadas con la satisfacción de las necesidades básicas, es decir, con el total de energía consumida en una vivienda. Por lo tanto, a priori, el impacto de esta variable depende de tres factores condicionantes (Asociación de Ciencias Ambientales, 2014):

•           El precio de la energía consumida en el hogar

•           El nivel de ingresos de la unidad doméstica

•           La eficiencia energética de las viviendas.

Sin embargo, el nivel de educación energética o ambiental de los integrantes del hogar, el conocimiento de las necesidades energéticas de la vivienda, el impacto socioeconómico de la situación de pobreza energética y su inclusión en las agendas políticas urbanas, también contribuyen a dimensionar las consecuencias de esta realidad, derivando en un fenómeno quizás más complejo, como es la vulnerabilidad energética (Bouzarovski et al., 2014), y otra variable de apoyo, que es la desigualdad energética. La vulnerabilidad energética es la probabilidad que tiene un hogar de estar en una situación de escasez de servicios energéticos (Bouzarovski y Petrova, 2015), de forma que la pobreza energética pasa a ser una condición temporal (y más grave) determinada por más elementos que los tradicionalmente vinculados (ingresos del hogar, precios de la energía y eficiencia energética de la vivienda). Es decir, la vulnerabilidad energética resalta como factores condicionantes:

•           las necesidades energéticas de los hogares con diferente composición socio-demográfica

•           la falta de acceso a determinados ‘vectores energéticos’ como la electricidad o el gas natural

•           los cambios en las políticas de bienestar social

•           el método de fijación de precios de la energía

•           las carencias en formación energética y ambiental

•           la falta de promoción de la eficiencia energética en el sector residencial (Healy et al, 2004) (Scarpellini et al, 2015).

La vulnerabilidad energética se centra en la cobertura de necesidades energéticas y el grado de satisfacción que se alcanzar con dicha cobertura. Para la Unión Europea, la gran importancia estructural de este concepto apareció reflejada en las Directivas 2009/72/EC y 2009/73/EC sobre reglas comunes para el mercado interno de gas y electricidad, en las que se llamaban a los Estados Miembros a establecer criterios para la definición de ‘consumidores vulnerables’ desde una perspectiva de pobreza energética si el legislador nacional lo estimaba necesario. Los indicadores de Eurostat, entre otros, alertan de la incidencia de este fenómeno y do su incremento en los años de la crisis sistémica y de su impacto actual (Lailner et al, 2009).

La desigualdad energética muestra las diferencias en los niveles de acceso a la energía a nivel global, y en el consumo de energía per cápita por ubicación (Pachauri y Rao, 2014), mostrando de forma contundente la brecha de consumo energético entre países más ricos y menos ricos (Lawrence et al., 2013), y siendo algunos de sus principales factores condicionantes:

•           el acceso a la energía (cantidad y calidad)

•           el consumo de energía y su impacto ambiental

•           el estilo de vida

•           el modo de producción

A partir del grado de impacto de las tres variables definidas, se podría valorar el estadio de bienestar energético, entendido como el bienestar global (social, económico, ambiental, energético, residencial, político), en el que las condiciones de acceso y disfrute de la energía son las más favorables posibles para la ciudadanía, considerando una actuación proactiva tanto de las instituciones públicas como de la ciudadanía (Dahlbom et al, 2009).

La realidad descrita también tiene su impacto a nivel local en Galicia, con matices muy característicos a nivel urbano (también en el rural), sobre todo considerando las particulares socioeconómicas, demográficas y territoriales.

La problemática planteada afecta a las corporaciones municipales (Hills, 2012), en tanto que desempeñan una labor de atención a su ciudadanía, y también son corresponsables y copartícipes para mejorar los valores indicados. En particular:

•           La desigualdad puede ser tratada en el ámbito de la eficiencia residencial

•           Los servicios sociales municipales dan cobertura a aquellas familias en situación socioeconómica vulnerable.

•           Las corporaciones pueden participar y/o promover actuaciones que fomenten un nuevo modelo energético, bien con el uso de energías renovables locales, con prácticas de eficiencia energética, con actuaciones de reciclaje, de economía circular, etc.

En definitiva, la implementación de este tipo de medidas permite mejorar los ratios en eficiencia y efectividad socioeconómica y energética, en un entorno de menor uso de recursos disponibles y reduciendo la contaminación a través de una economía baja en carbono.

Finalmente, debe recordarse que las directrices establecidas en las Directivas Europeas (como la 2009/28/CE o la Energy Efficiency Directive) inciden en la relevancia de la renovación de la construcción de viviendas, las actuaciones sobre la habitabilidad de las mismas y la principal incidencia del gasto energético en los sectores domésticos y terciario. Todos estos campos de actuación tienen una relación directa con las competencias municipales, en cuanto a ser el nivel de la administración pública más cercano con la ciudadanía de su ayuntamiento, y por tanto, con capacidad de ser conocedores en primera mano, de la magnitud de la problemática estudiada en esta comunicación. No en vano, una de las ideas principales de las disposiciones establecidas a nivel europeo es el hecho de que las entidades públicas deben dar ejemplo de buenas prácticas energéticas con la compra de productos y servicios de alta eficiencia energética, buscando un mayor rendimiento energético de los edificios que contribuyan a reducir la pobreza energética y el impacto nocivo de gases (radón), la etiqueta energética, el ecodiseño, los impuestos energéticos, o la implementación de energías renovables. Pero también contribuyendo a informar de las actuaciones más eficaces para su ciudadanía y atendiendo las necesidades derivadas. En el año 2015, la Comisión Europea estipuló la necesidad de una sociedad en la que los consumidores tengan conocimiento de causa a la hora de poder adquirir y disponer de energía mejor y más barata. Así, se consta la tendencia general de que cuanto menor sea el nivel educativo de la persona principal del hogar, mayor será el valor del indicador de pobreza, y si analiza desde la perspectiva de la renta, cuanto menor sea también tendrán mayores dificultades a la hora de tomar decisiones sobre el consumo de energía. Ante este panorama territorial y demográfico, las corporaciones locales y regionales se presentan como las entidades adecuadas para adoptar medidas de apoyo efectivas para que la ciudadanía disponga de información comprensible y accesible.





 

 


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